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Amor

15.06.2018

¿Eres adicta al amor? ¡Tenemos la respuesta de la neurociencia!

No estamos hablando de sexo, sino de un antojo crudo, profundo y destructivo por una de las emociones más fuertes que existen. Una nueva investigación revela el lado más oscuro del amor.

Por Por: Alix O’neill Traducción: Raquel Villanueva
¿Eres adicta al amor? ¡Tenemos la respuesta de la neurociencia!

Tu corazón late acelerado, las palmas te sudan y sientes un mareo. No hay luces parpadeantes, música ni un tumulto de gente; estás sola en tu cama, completamente sobria y leyendo un mensaje. De esa persona. Una sonrisa se dibuja en tu cara y sientes que el corazón se te va a salir del pecho.

Es oficial: estás enamorada. Si alguna vez has sentido esas mariposas al cerrar los ojos, echado mano de la sabiduría de los más cercanos y queridos para descifrar el mensaje subliminal de un WhatsApp o te duele el estómago cuando te dejan tras un domingo de caricias, has experimentado las propiedades adictivas del amor. Una extensa revisión de investigaciones realizada este mismo año confirma que estar enamorado puede conducir a un comportamiento anormal del mismo modo que el alcohol o las drogas; además, algunos tipos de amor son más susceptibles a la adicción que otros.

Información seria para cualquiera que alguna vez haya pensado en hacer una visita sorpresa (sí, sería romántico). ¿Qué dice la neurociencia sobre este comportamiento?

EL AMOR Y OTRAS DROGAS

El equipo del Centro de Neuroética de la Universidad de Oxford revisó 64 estudios sobre amor y adicción publicados entre 1956 y 2016, y encontró abundantes pruebas de comportamiento, neuroquímicas y de neuroimagen que demuestran que el amor puede ser adictivo. Se identificaron dos tipos específicos.

El más común, que se sitúa en el mismo espectro que el amor convencional, pero con una ansiedad mayor. Más preocupante es el tipo menos común (la forma más extrema de adicción al amor) que se refiere a esas personas que experimentan una ansiedad tan grande hacia el objeto de su afecto que influye en su comportamiento de manera alarmante. Las investigaciones los vincularon a una señal de recompensa del cerebro, que lleva a perseguir esa experiencia de nuevo.

“Esta visión reducida contempla únicamente las formas más extremas de amor como potencialmente adictivas”, afirma Brian Erp, que lidera el estudio.

“Esta línea de investigación se centra en compulsiones sexuales, relaciones tóxicas o abusivas, apegos atípicos y tolerancia insana hacia las frustraciones y consecuencias de las relaciones. Pienso en la adicción en un espectro amplio. En un lado, está el apetito normal del amor, y en el otro un deseo tan poderoso por obtener experiencias o comportamientos gratificantes que resulta peligroso. Solo cuando te comportas de manera que te dañas a ti mismo o a otros empieza a ser un problema”.

La idea del amor como patología no es nada nuevo. La antropóloga-bióloga, Helen Fisher, encabezó uno de los primeros estudios que analizó el cerebro de los corazones rotos. En 2013, la doctora y sus colegas escanearon el cerebro de 10 mujeres y cinco hombres que habían sufrido una ruptura reciente. Cuando los participantes miraban fotos de sus ex parejas, el sistema cerebral de recompensa se activaba, especialmente las rutas de dopamina asociadas con la motivación, el éxtasis y el deseo. Resultó interesante que, del mismo modo, también se activaron las regiones de cerebro asociadas con la cocaína y el tabaco. La especialista opina que esta respuesta tiene su raíz en la evolución.

“Creo que el circuito neuronal para el amor romántico evolucionó millones de años atrás para que nuestros ancestros enfocaran su energía procreadora en una sola persona a la vez”, explica.

AMOR TÓXICO

Es tranquilizador poder culpar a la evolución por el (o los) mensaje con voz ebria que dejaste en el WhatsApp de tu ex, pero la pregunta es: ¿En qué momento esa llamada se convierte en algo más dañino? “Todas las adicciones se caracterizan por causar caos, problemas de salud y otros trastornos a quienes las padecen, sus familiares y su vida laboral”, afirma Annie Bennett, psicoterapeuta especializada en adicción al amor.

“Una ligera obsesión no tendrá consecuencias serias y, con el tiempo, desaparecerá, aunque ahora te parezca imposible. Los adictos al amor se pierden en las profundidades de su negación de la realidad de la relación”.

La doctora Fisher coincide en que el amor es una adicción normal que puede ser buena o mala. “Una adicción positiva se da cuando el sentimiento es recíproco, no tóxico y apropiado (por ejemplo, ninguno de los dos está casado); es negativa cuando los sentimientos son inapropiados, tóxicos, no recíprocos o rechazados formalmente. Como todos los adictos, los “enganchados” al amor suelen irse a los extremos en busca de su nueva fijación y, efectivamente, esto puede implicar hacer cosas degradantes y peligrosas”.

Es un escenario familiar para Andrea, de 34 años, una ejecutiva de marketing que ha luchado con su adicción al amor durante buena parte de su adultez. “Las personas solemos definirnos por lo que hacemos, yo me describía como la novia de tal o de tal”, dice. Salía con varias personas a la vez por si no funcionaba y, en una ocasión, tras una pelea con una pareja con la que ya había roto tres veces, recurrió a una solución drástica.

“Salió de la casa, dio vuelta y nunca más regresó”, recuerda. “Teníamos activada la función de compartir ubicación en nuestros teléfonos, así que yo seguí sus movimientos y, cuando vi que iba camino a la casa de su papá, decidí aparecerme ahí. Esa vez, acabamos reconciliándonos. Pero no duró. Si alguien que dice amarte puede irse y dejarte así, simplemente no vale la pena tratar de recuperarla otra vez”.

“La persistencia de Andrea es una señal clara de adicción al amor”, dice Nicky Walton-Flynn, fundadora de Addiction Therapy London. Otras señales de que esto sucede son generar vínculos emocionales con personas desconocidas, tener pocos límites, regresar una y otra vez a relaciones destructivas y dolorosas y sentirse vacíos o incompletos cuando están solos.

“Es difícil que las personas se den cuenta de que son adictas al amor”, añade Walton Flynn. “Yo diría que si un amigo te dice que te estás volviendo loco y eres capaz de reconocerlo y dar un paso atrás, ya es algo positivo. Pero si tu fijación con esa persona empieza a hacer que tu vida se te vaya de las manos, llegó el momento adecuado para buscar ayuda”.

“LOS ADICTOS AL AMOR SE PIERDEN EN LA PROFUNDIDAD DE SU NEGACIÓN ”.

CONFESIONES DE UNA ADICTA AL AMOR

Persia Lawson, ‘love coach’ y autora de The Inner Fix. “Siempre deseé una relación. De adolescente tuve algunas con los pololos de mis amigas, y no pensaba nada con respecto a las aventuras de una noche. Estaba obsesionada con la idea de enamorarme, pero aterrorizada de las citas íntimas. En mis 20, mi comportamiento se hizo más extremo, abusaron de mí a los 24 años, mis padres se dieron cuenta de lo infeliz que era. Estaba en mi peor momento cuando mi papá me llevó a un retiro de yoga en Tailandia. Me encontré un libro que se llamaba Mujeres que aman demasiado. Lo abrí en una página al azar y empecé a leerlo. Sentí que, de repente, todo en mi vida comenzó a cobrar sentido. Cuando era niña, mis papás se drogaban, y el libro explica cómo los niños que crecen en ese ambiente, de adultos suelen tener relaciones disfuncionales. Siempre me había dicho que mis padres eran los del problema, no yo. Fue el empujón que necesitaba.

Cuando regresé a casa, inicié un programa de terapia de 12 pasos. Tener ese tiempo conmigo misma significó que cuando conocí a mi actual pareja, en 2015, enfoqué el pololeo de una manera muy distinta y ya había entendido y superado mi historia emocional. Ya llevamos dos años juntos y planeamos viajar por el mundo. Nuestra relación no es perfecta (¿hay alguna que lo sea?), pero me llena de esperanza que, tras haber pasado por tanto, he sido capaz de seguir adelante”.

UN MAL AMOR

Andrea buscó ayuda. Gracias a su terapeuta, rompió todo contacto con su ex y dejó de salir durante un buen tiempo. En su primer periodo de abstinencia, se puso una banda de goma en la muñeca que presionaba cada vez que sentía el deseo de comunicarse con su ex; posteriormente, tomó una psicoterapia para descubrir la raíz que causaba su adicción. Andrea cree que sus problemas con el amor tienen que ver con la dinámica difícil que había entre sus progenitores, algo que muchos adictos al amor tienen en común, según Bennett. “La capacidad de enfrentar la angustia surge en forma de fantasía. Esta estrategia se sofistica con el tiempo y permea las relaciones, creando una visión distorsionada de la persona de quien se está enamorado. Y proyectan todas sus esperanzas en ese ser”.

La mayor parte de los especialistas en relaciones de pareja coincide en que las terapias habladas y las visualizaciones (imaginarte tu vida sin esa persona), son el mejor tratamiento. Existen programas de 12 pasos que ayudan a los que sufren la agonía de estas adicciones. La organización Sex and Love Addicts Anonymous es un búnker, pero Laura, una ex miembro que ha estado en más de 40 juntas, nos cuenta que el escenario es similar al de Alcohólicos Anónimos, con reuniones de grupo regulares y padrinos.

LOVE ME TINDER

Y está el Internet, que puede convertirnos a todos en stalkers. Los sitios de citas y las aplicaciones nos recuerdan que el amor de tu vida puede estar a la vuelta de la esquina, y que con un clic aparecerán todas las insoportables selfies de parejas felices. Un gran número de expertos ha declarado que Tinder se apropia del centro del placer cerebral del mismo modo que los videojuegos –con una inyección de dopamina cada vez que se da un match exitoso– lo que lo convierte en potencialmente adictivo.

Las redes sociales nos presentan una versión muy ‘Disney’ de las relaciones. El resultado de toda esta estimulación es que hay más presión que nunca por tener la relación perfecta. Animo a mis pacientes a que se alejen de las redes sociales y, obviamente, de las páginas de citas.

“HAY MÁS PRESIÓN QUE NUNCA DE TENER LA RELACIÓN PERFECTA”.

“Como los alcohólicos, que necesitan estar lejos del antro en su etapa de recuperación inicial, se necesita eliminar el estímulo”. Andrea, que ya lleva 120 días “sobria de amor”, continúa yendo a su terapia, pero ya empezó a tener citas, aunque esta vez son consigo misma. “El autoamor es la clave para romper la adicción”, asegura.

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