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Fitness

11.08.2008

Mina a dieta: la decisión.

Hace ya unas semanas decidí que era hora de bajar esos killillos que me molestaban. Pensaba, cómo la mayoría de las mujeres: “con 2 ó 3 kilos menos me conformo”. ¡Pero Dios sabe cómo con los años, esos pocos kilos son tan difíciles de bajar como para un alpinista subir el K2 (al ladito del […]

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Hace ya unas semanas decidí que era hora de bajar esos killillos que me molestaban. Pensaba, cómo la mayoría de las mujeres: “con 2 ó 3 kilos menos me conformo”. ¡Pero Dios sabe cómo con los años, esos pocos kilos son tan difíciles de bajar como para un alpinista subir el K2 (al ladito del Everest). Por esta razón y después de infructuosos meses probando desde la dieta de la luna, hasta la de la zona, quise hacerlo en serio. Tal y como fue a mis 15 años, cuando era una bolita caminante, y mi madre pensó que lo mejor era llevar a esta niñita al doctor. No engordé nunca más, pero toda las minas saben que si fueste gordita en la adolescencia, el trauma te persigue para siempre. Es un fantasma latente, un gato solapado en las vidas de quienes como yo, son sibaritas y gozan con los sabores nuevos y las combinaciones extravagantes.

Así fue como la semana pasada partí donde una nutricionista (sólo al final de este tratamiento, que durará dos meses, les diré dónde y con quién fuí). Aquel lugar parecía la NASA de la dieta. Me midieron (hasta lo que no quería que me midieran), me pesaron (pero cómo, si yo peso menos que lo ahí dice!), me pidieron exámenes de sangre y también una densitomería ósea, en la que de paso me enteré en qué lugares de mi cuerpo hay más grasa (como si mirarse en el espejo no bastara). En fin, con los antecedentes en la mano, llegué hasta la doctora. “¿Cuánto quieres bajar?”, me preguntó, y yo patuda le dije: “unos cuatro a seis kilos”. La verdad es que el exámen arrojó que tengo que bajar casi 10, pero ya veremos qué pasa en el camino, pues tampoco me veía tan mal.

Pero ya estaba hecho. Estaba sentada frente a ella, asumiento frente a mí y al mundo (y ahora frente a ustedes) mi compromiso de bajar de peso (igual que en los reality). Y no sé porqué uno tiene que comprometerse frente a un otro para cumplir. ¿Será que se es más indulgente con una misma? Así que ya estoy con el desafío asumido, que es lo primero que hay que hacer cuando quieres bajar de peso. Tal vez me sirva como entrenamiento de vida, pues los objetivos no se logran sin un propósito y un compromiso de por medio.

La próxima semana les contaré cómo me fue y en qué consistía esta dieta. ¿Y tú, qué lunes empiezas? Eso sí, visita a tu doctor antes. (*)

(*) Esta situación es 100% real y se trata de una plan de alimentación guiado por un médico, especialmente indicado para una persona en específica.

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