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Fitness

21.01.2015

Sobreviví a mi primer mes de gimnasio

Durante años evité esos extraños lugares llenos de publicidad de suplementos alimenticios, música fuerte y hombres con musculosas. Pero como ya pasé la barrera de los 25, decidí que tenía que empezar este año haciendo algo por mi salud, así que me atreví. Saqué las calzas y zapatillas que guardaba en el fondo de mi clóset y me transformé, sin darme cuenta, en una de esas personas que dicen: “no puedo, voy al gym en la tarde”.

Sobreviví  a mi primer mes de gimnasio

Nunca fui la más deportista del universo, pero tampoco la más sedentaria. Entre los 7 y los 12 años nadaba sagradamente tres veces a la semana, y cuando era más grande iba a una academia de danza donde hice hasta ballet, pero siempre lo vi más como un hobbie y no como ejercicio. Pero desde que empecé a trabajar se me hizo demasiado difícil ser constante y durar más de un par de semanas en alguna actividad. Así que no me quedó otra opción: tuve que inscribirme en un gimnasio que tuviera clases todos los días y en todos los horarios posibles para encontrar alguno que me acomodara.

Mi hermana, que es la persona más fit del mundo y vive a dos cuadras de mi casa, me recomendó el gimnasio al que ella iba. Era la mejor opción, porque además de tener más de 10 clases distintas, podía ir caminando y la inscripción era muy barata. Después de pensarlo mucho, un día cualquiera fui, miré un poco y aunque no le tenía nada de fe me inscribí por un mes para probar.

Como mi mayor problema es que me cuesta mucho hacer ejercicio sola, descarté por completo la opción de ir por mi propia voluntad a las máquinas, y decidí probar todas las clases que me llamaran la atención. Primero fui a una clase de Zumba, pero como éramos tantas alumnas me aburrí un poco. El profesor estaba en un escenario en una sala gigante y era muy difícil poder concentrarse en bailar y en no chocar con nadie. Al otro día me aventuré en una clase llamada Full dance, que básicamente es baile mezclado con un cardio bastante intenso. En cada canción (todas muy de moda, obviamente) se trabajan las zonas que más nos preocupan: los brazos, el rollito de la cintura, los muslos y los glúteos. A las tres semanas ya noté en mi piernas que tanto meneo y reggaeton había servido, así que ahora soy una fan incondicional del Full Dance.

Ya tenía cardio, ahora sólo me faltaba buscar algo para tonificar. Hice mi mejor esfuerzo y un día después de Navidad pasé mi mañana sufriendo en una clase de Pilates, pero como en mi gimnasio a todo le ponen intensidad, esta era de Pilates Full. Nunca en mi vida había sentido tanto dolor en los abdominales y las piernas. Aunque recién en Año Nuevo había recuperado toda la movilidad de mi cuerpo, opté por tomar el maligno Pilates Full como un desafío personal y he seguido yendo.

Ahora me declaro una sobreviviente. Armé mi propia rutina, me exijo ir por lo menos tres veces a la semana a alguna de las clases que elegí, y la verdad es que me encanta. Lo que más me gusta es sentir que me atreví a hacer algo distinto y a ponerme a prueba. Porque la verdad es que cada vez que me veo haciendo abdominales arriba de una pelota me río de mí misma y también me siento más poderosa que nunca.

Si a ustedes les pasa algo similar, les comparto este bello video de una marca deportiva inglesa que muestra a mujeres reales entrenando y que se ha vuelto viral con más de 3 millones de reproducciones. ¡Inspírense, si yo pude, ustedes también!

 

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