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Fitness

08.06.2016

Lo que puedes medir

Muchas veces en este proceso o “estilo de vida” fintess, nos enfocamos sólo en resultados que muchas veces son superficiales: pesar menos y vernos bien.

Lo que puedes medir

Y claro que esas son metas totalmente válidas pero no deben ser el foco de toda nuestra atención. Porque es fácil que nos lleven a frustraciones cuando las cosas no van tan rápido como queremos, o en algunos casos, a obsesiones nada saludables por tratar de alcanzar “lo inalcanzable”.

Pero hay cosas que el fitness te da que si puedes medir y te pueden llenar de felicidad (como lo haría que te entre ese pantalón que tienes guardado en el clóset), entre ellas:

– Hacerte más fuerte: después del susto inicial que muchas chicas le tienen a las pesas, empiezan a amarlas y al rato se dan cuenta que cargar pesos que antes parecían imposibles, es realmente posible. Y más allá de eso, te das cuenta que eres más fuerte también fuera del gimnasio. Puedes cargar las bolsas de las compras tú sola, mueves los muebles de tu casa sin pedir ayuda y hasta cargas cajas que antes te hacían torcer los ojos sin chistar mucho.

– Te cansas menos: ya no te asustan las distancias largas, muchas veces prefieres caminar a tomar algunas estaciones de metro (que siempre está lleno); si el ascensor no funciona, pues subes es las escaleras sin sentir que se te va el alma. Eso quiere decir que tu sistema cardiovascular está de 1000 puntos.

– Sabes planificar (y relajarte también): ya sabes que la comida no aparece sola en la despensa ni en la mesa. Así que agarras tu lista y haces tus compras con tiempo. Lo divertido de esto es que hasta puedes ahorrar porque cuando compras lo que vas a comer, muchas veces compras justo lo necesario. Pero esto no es una obsesión. Es decir, sabes que una comida mala o fuera de tu plan de alimentación, no es sinónimo de “ya se perdió la dieta”.

Si no comiste lo más sano que tenías pensado, en la próxima comida tienes tiempo de volver a tu rutina. También sabes que si tu abuelita hace lasaña, no andas con obsesiones de “yo no puedo comer eso”.

Cuando el fitness de verdad es parte de tu vida no tienes que tener culpas por comer o decirle a tu abuela que te haga la versión light de ese plato, porque seguro ella lo hizo lleno de crema, carbohidratos simples, grasas saturadas y mucho amor.

-Disfrutas y te relajas también con el ejercicio: claro que tienes que hacer de él un hábito y en un principio cuesta. Pero al rato te das cuenta que hacer ejercicio te hace sentir mejor. No sólo porque quieres entrar en una talla más pequeña, sino porque te sientes bien haciéndolo y te relaja de todas las demás tensiones que tienes en el día (que seguro son un montón).

Y lo bueno es que cuando ya ganas esta parte del estilo fitness dominada, no lo haces sólo por obligación, sabes escuchar a tu cuerpo, no le exiges demás –lo que te puede llevar a lesiones- descansas cuando debes y le das durísimo cuando te toca.

Recuerda que como comer una galleta de avena no te hace mas fit, tampoco hacer una sesión de cardio te va hacer aparecer los abdominales marcados. Todo es un balance entre hacer lo que te toca, relajarte y disfrutarlo. Y cuando ganes eso, vas a ver que sientes que es más divertido que cualquier número en la balanza.

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