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Fitness

04.08.2016

“Mi doc no tiene inteligencia emocional”

A veces los diagnósticos médicos son crueles no por el contenido sino por la forma en que son dichos, aprendamos como pacientes a hacer respetar los tratos que nos merecemos.

“Mi doc no tiene inteligencia emocional”

Tengo un amigo que comenzó con dolor en el hombro derecho. Pensó que se le iba a pasar de manera espontánea pero la situación comenzó a empeorar, no quiso quejarse mucho ni darle tanta importancia, como si los hombres no tuvieran derecho a sentir dolor.

Tenía un viaje familiar programado y no estaba dispuesto a cancelarlo por el hombro así que se juró a sí mismo, cual decreto que se lanza al universo con convicción total, que disfrutaría el viaje y se haría cargo de su hombro una vez finalizada la travesía.

Llegando a Chile de vuelta, fue donde un profesional. Tenía bastante dolor e impotencia funcional. Entró a la consulta con un poco de temor y ansiedad, dos ingredientes que suelen estar presentes en el área de la salud.

Su experiencia fue poco alentadora. El profesional lo retó, le dijo que se tenía que operar y que no había otra alternativa. Mi amigo le pidió que le explicara su situación de salud ya que una cirugía no es un tema menor, la respuesta fue que para qué quería explicación si él no iba a entender nada.

Remató diciendo que en cualquier momento se le podía rajar el brazo. Mi amigo salió de ahí más angustiado y asustado que cuando entró.

Tratamiento-AEH1

Hace unos años viví una experiencia similar. Un médico me dio su opinión de una manera tan poco humana y tan desatinada que casi me desarma. El problema está en que no es sólo una opinión que podemos tomar o dejar. Es una persona en la que hemos depositado confianza y poder y por lo tanto, hacer oídos sordos o tener juicio crítico, es mucho más difícil.

Mi llamado es a varios actores. Primero, observemos el lugar que ocupamos, cada uno en su realidad. Yo como kinesióloga estoy especialmente atenta a esto. Ojo con el lenguaje, verbal y no verbal, que se ocupa en salud. Al frente tenemos a una persona, a un paciente que muchas veces tiene temor y que merece ser tratado con respeto y cariño.

Mi llamado también es hacia los usuarios… ¿por qué aceptamos ser tratados así? ¿Un profesional de la salud puede retarte y es normal? ¿A quiénes le entregamos poder?

Son cosas que tenemos que reflexionar y la invitación es a plasmar esas conclusiones en la realidad que cada uno quiere vivir y construir.

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